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La IA me mató. Y todavía estoy en duelo.
Craft and Code

La IA me mató. Y todavía estoy en duelo.

AutorMartín
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La IA me mató. Y todavía estoy en duelo.

Por Martín · 8 de octubre de 2026 · Craft and Code

Hace más de 15 años que vivo de esto: diseño de marcas, desarrollo, agencias, estudios. Aprendí como aprende cualquiera que elige este oficio — facultad, cursos, compañeros, tutoriales a la madrugada, YouTube. Construí un criterio a fuerza de proyectos.

El golpe

Tenía una costumbre. Cada vez que salía una IA generativa nueva — de imagen, de diseño, de lo que fuera — la ponía a prueba. Le pedía que hiciera lo mismo que yo estaba haciendo en ese momento, para comparar. Siempre ganaba yo. Confiaba en eso: mi oficio, mi experiencia, iban a sostener mi lugar.

Este año dejó de ser así.

Le pedí un diseño, un texto, una comunicación. Y lo que me devolvió no fue una respuesta — fueron variantes. Opciones distintas, exploradas desde ángulos que ni se me habían ocurrido, armadas en minutos. Me voló la cabeza. No fue un progreso más. Fue un golpe.

El duelo

Lo que vino después no tiene nombre más preciso que duelo. Seguí probando herramientas, y todas respondían cada vez mejor. Hubo un tiempo — más largo de lo que me gustaría admitir — en el que no supe bien hacia dónde iba todo esto. Ese duelo, para ser honesto, todavía no cerró. Lo seguimos atravesando como estudio.

Parte de ese proceso fue volver atrás: pensar qué nos trajo hasta acá. En la facultad entregábamos los trabajos a mano. Esa restricción, sin darnos cuenta, nos daba algo: la certeza de que la realización de una idea estaba más allá de la técnica. La técnica cambia. Siempre cambió. Lo que no cambia es tener algo que decir.

Dos momentos que no esperaba

Con eso en la cabeza, empecé a mirar distinto lo que estaba pasando.

La primera sorpresa real con Claude Code la tuve pidiéndole algo que me obsesiona hace años: un sistema interno para ordenar los procesos de la agencia y poder mejorarlos. En un par de horas lo tenía armado. Lo dejé trabajando mientras hacía las compras, mandándole instrucciones desde el celular.

La segunda fue con GPT Image. Sin buscarlo, le pedí variaciones de ángulo de unas fotos de un cliente. No sabía que se podía hacer eso. Me quedé explorando un buen rato, como con un juguete nuevo.

La diferencia que importa

Ninguna de las dos veces la herramienta resolvió sola. En las dos tuve que decidir qué servía y qué no, qué dirección tomar, qué descartar.

La máquina genera opciones. El oficio decide cuál importa.

El día a día

El duelo sigue abierto, y no tengo apuro en cerrarlo rápido. Es un día a día — construir de nuevo un rol en medio de cambios constantes. Lo que aprendí en la facultad sigue siendo cierto: el diseño no viene a agregar belleza, viene a resolver un problema real. Eso no lo resuelve ninguna herramienta por sí sola. Lo resuelve entender el problema, humanizarlo, y recién ahí, potenciarlo con lo que la tecnología permite hoy.

Sé que no estamos solos en esto. Otros estudios, otras agencias, están en algún punto del mismo proceso — algunos más adelantados, otros recién arrancando el duelo que nosotros ya empezamos a atravesar.

Hoy toca aprender algo nuevo. Y sé que hay otros del mismo lado, buscando lo mismo.

Esto es lo que estamos atravesando en Doble Nuez, puertas adentro. Si tu equipo está en un punto parecido, hablemos.