Cría Cuervos…

El marketing político digital está encontrando en recursos creativos nuevas oportunidades

A nivel internacional se espera que la inversión en publicidad a través de videos online llegue a los 20 mil millones de dólares para este 2016, según una proyección de Magnaglobal y Campaign Asia. Este número, que suena a ciencia ficción, en nuestra realidad cotidiana termina siendo de una crudeza contundente: hoy los grandes “mediadores”(léase Google, Facebook y los grandes medios de cada país) entre internet y cada uno de sus usuarios determinan elecciones y desarrollan nuevas estrategias para captar clientes (en esta caso específico, los votantes).

Así, más allá de los debates presidenciales y las campañas por radio y TV, los videos de cada candidato, sea a favor o en contra, parodiados o endiosados, siempre generan más respuesta del público que la que pueden lograr los medios tradicionales. Mientras un aviso en un diario apenas se ve en épocas de elecciones, dada la “contaminación visual” que estos producen, un video parodiando a un candidato puede juntar millones de visitas en pocas horas. La viralización es un arma poderosísima, pero también tiene doble filo.

Así, muchas veces los videos que critican al video oficial de una campaña, suelen tener más vistas que el original. Así es como el actual gobierno oficial de Argentina pasó de infundar “alegría” a sus votantes, a ser una máquina de producir papelones políticos al ser desenmascarado el armado de los videos que tratan de mostrar un presidente cercano a la gente, cuando otro video lo muestra en el mismo lugar rodeado de seguridad y sin un pueblo que lo apoye.

Los videos donde se ve a Trump hablando en contra de la inmigración, o insultando y riéndose de las mujeres parece que fue el golpe final para su campaña, en la que gastó millones para mostrarse fuerte y confiable. Un video de mala calidad, pero subido a tiempo, puede cambiar la dirección de todo un país. Ese poder solo lo tiene internet, y aunque muchos alaban el supuesto espacio democrático que la red representa, no hace falta investigar mucho para darse cuenta de que Google y Facebook se llevan la mayor tajada en esto.

Los políticos, para ser vistos, necesitan tener su propia cuenta en cada red social, y saber comunicar allí sus ideas y proyectos. Algunos de formas personal, la mayoría con managers y coachers que los guían en su desarrollo, enfocan sus esfuerzos y creatividad en alcanzar a los votantes de forma directa aquí.

¿Serán los abstractos e imparciales algoritmos los que determinen la viralización y la búsqueda de contenidos, o habrá personas que con sus millones intentarán conquistar nuestra atención?